Apunts del llibre “Por mal camino”, de Elisabeth Badinter

Comença parlant de les estadístiques de violència contra les dones i com es barregen intencionadament violacions amb tot tipus d’actes que inflen molt les estadístiques (parla d’estadístiques al servei d’una ideologia).

Como sostener el dualismo de los sexos sin reconstruir la prisión de los géneros?

La igualdad en la diferencia es un deseo, una utopía, que implicaría un considerable progreso en la humanidad, y no sólo del género masculino.

Sylviane Agacinski: «El ideal de la reducción de la diferencia, o de la desaparición de los géneros, que busca la uniformidad de los individuos, constituiría un fantasma totalitario».

Antoniette Fouque: Habla de la salvación de la pareja madre-hija.

El concepto de dominación masculina se basa en que supuestamente: «Los hombres nunca han abandonado los privilegios materiales y sexuales que procura la dominación sobre las mujeres».

Actualmente subyace un sentimiento de malestar, tanto por el diagnóstico como por los remedios propuestos. Serán los hombres la única parte de la humanidad incapaz de evolucionar? Será inmutable la identidad masculina? Malestar ante la generalización en dos bloques opuestos: la clase de las mujeres y la clase de los hombres. Esto no supone volver a caer en la trampa del esencialismo, contra el que tanto han luchado las feministas para sí mismas? No hay una masculiniad universal, sino múltiples masculinidades, al igual que existen múltiples femineidades. Las categorías binarias son peligrosas porque reducen la complejidad de lo real en favor de esquemas simplistas y forzados. Malestar también por la condena en bloque de un sexo, que se parece mucho al sexismo. Malestar en suma, por la voluntad de «reeducar» a los hombres, lo que desempolva recuerdos vergonzantes. El eslógan implícito o explícito de cambiar al hombre, más que de luchar contra los abusos de ciertos hombres revela una utopía totalitaria.

Se cierra la puerta a toda esperanza de comprender su influencia recíproca (entre hombres y mujeres), y de medir su común pertenencia a la humanidad.

El dualismo de oposición produce una nueva jerarquía de los sexos de la que nos pretendemos librar. A la jerarquía del poder que se combate, se opone una jerarquía moral. El sexo dominador se identifica con el mal, y el oprimido, con el bien. La corriente dominante impone la creencia de que la víctima dice forzosamente la verdad porque es la víctima.

«Nacionalismo femenino»: la cualidad única del espíritu, de las facultades y de las emociones de las mujeres las constituye en una entidad radicalmente distinta e inasimilable al conjunto de los hombres.

Un sistema jurídico fundado en los derechos particulares de los distintos grupos, en este caso, las mujeres. Tras la reivindicación del derecho a la diferencia se perfila la de una diferencia de derechos.

Movimiento por la liberación femenina, 1970: «Nosotras somos el pueblo (el verdadero pueblo, esto es, el proletariado)». Las mujeres constituidas en grupo subversivo por excelencia estan investidas de misiones en otro tiempo propias del pueblo en armas o del proletariado: la revolución, la erradicación de todas las opresiones, el advenimiento de una nueva humanidad.

Existe una manera «bienpensante» de ver lo femenino.

Existeixen molts maltractaments d’infants i d’ancians, que estan principalment a càrrec de les dones.

La condena colectiva de un sexo es una injustícia que denota sexismo. Si convertimos la violencia en el triste privilegio de los hombres, si se confunde lo normal con lo patológico, se llega a un diagnóstico sesgado, poco propicio para un buen arreglo.

Frase brillant: «Toda militancia choca con una dificultad: la de asumir la diversidad de la realidad».

Si la violencia incluye agresiones físicas y presiones psicologicas (que son la mayoría en las relaciones conyugales) se piensa en una nueva epidemia de violencia masculina.

En teoría, la violencia femenina es insignificante, siempre es una respuesta a la violencia masculina, y finalmente, esa violencia es legítima.

La violencia femenina es difícil de plantear, no solo por cuestiones de militancia -la violencia quizás no tiene sexo- sino porque pone en peligro la imagen que las mujeres de hacen de si mismas.

L’autora passa a repassar el conjunt de genocidis on les dones n’han format part activa: Ruanda i l’Alemania Nazi.

Hi ha estudis que parlen que les dones joves, adolescents, cada vegada són més violentes, per la frustració social (compartida amb els nois) i la frustració sexista, que les afectaria especialment.

Parlant de violencia «Imponer silencio a la injustícia de las palabras es prohibir la expresión de la cólera. Se puede ciertamente soñar con una humanidad dulce y domesticada que ha olvidado hasta el sentido de esta palabra bárbara, mientras llega eso, el duelo verbal o una buena bronca, siguen siendo el mejor remedio en la mayoría de los casos para rebajar las tensiones y poner fin a un conflicto. Bien porque se supera, bien porque se comprende que es impossible zanjarlo».

Sobre sexualitat:

Se guarda silencio sobre las mujeres que dicen «si». La lucha escojida por las mujeres feministas es siempre la «democrática», por lo tanto se ve que se trata de un combate ideológico y moral, redefinir las relaciones entre hombres y mujeres y sus libertades recíprocas.

Asimilació de la sexualitat femenina a la masculina: «desculpabilització de la sexualitat femenina». Boris Cyrulnik: «Cada vez se tiene menos necesidad del otro: con esta fontanería de la sexualidad los hombres corren el riesgo de convertirse en simples consoladores o en plantadores de niños»

El mito de una sexualidad domesticada

Es hora de pensar en otra sexualidad que ignore, a la vez, la relación infernal de dominación y submisión, el poder del dinero y la oscura ambiguedad del deseo. Una sexualidad transparente, democrática y contractual. Una sexualidad única que postula el parecido de los sexos justamente allí donde no existe.

Transparencia y consentimiento:

Los dos términos van parejos. El consentimiento para el acto sexual implica la limpieza y la claridad de la demanda. Todo se debe decir, explicitar, clarificar. Como en algunos paises protestantes de antes, no se ponen visillos a las ventanas. No hay que disimular nada en nuestro interior. El deseo se debe mostrar al desnudo, visible para el otro hasta en su último recoveco.

Se dice en los campus americanos que «ceder no es consentir». Curiosamente solo se tienen en cuenta dos casos de cuatro: el no que quiere decir no, y el si que quiere decir no. Nadie se interesa por el sí que quiere decir si, y todavía menos por el no que quiere decir sí.

Se habla de «coerción sexual no violenta».

Una sexualidad que no deje ningún espacio a la imaginación y a la espontaneidad significa el final del erotismo. Un contrato absurdo es la consecuencia lógica de la transparencia exigida por la teoría del consentimiento.

Sabemos muy bien que el consentimiento en materia sexual opera en un terreno neutro: el quizás, la indecisión, el sí y el no simultáneos. De esa zona gris, compleja, contradictoria a veces, no sabemos mucho y preferimos ignorarla. En inconsciente no tiene sitio entonces en la teoría y la política feminista. Es el precio que hay que pagar por la exigencia de transparencia.

Se quiere hacer más civilizada, suavizar, democratizar, la masculinidad y la sexualidad que la expresa..Pero el polo de la pulsión nunca se domestica totalmente. La sexualidad no obedece únicamente a la conciencia y a los imperativos morales tal como se definen en una época u otra. Tampoco hay que confundirla con la condición de ciudadano. Pertenece a otro mundo, fantasmático, egoísta, inconsciente. No se puede «modernizar la sexualidad» como si se tratase de una moda.

Recomienda: La guerra contra los chicos «the war against boys» de Christina Hoff-Sommers.

Fracaso de una educación asexuada: No es adecuado que se distinga entre tareas masculinas y femeninas en casa. Pero imponer a las niñas y los niños los mismos juguetes, actividades y objetos de identificación es absurdo y peligroso. El aprendizaje de la identidad sexual es vital, y mal que le pese a algunos, se hace con oposiciones, caricaturas y estereotipos.

Solo cuando el sentimiento de indentidad masculina no está ya cuestionado,las fronteras se borran y puede nacer la convivencia. El acercamiento de los sexos está al final del camino y no al comienzo.

Luchar contra el imperium masculino es un necesidad, pero la deconstruccion de la masculinidad para alinearla con la feminidad tradicional es un error, una falta grave. Cambiar al hombre no significa aniquilarlo. El UNO es el OTRO a condición de que persistan el UNO y el OTRO.

La razón primera del feminismo, y en ello coinciden todas las tendencias, es la de instaurar la igualdad de sexos y no la de mejorar las relaciones entre hombres y mujeres. No hay que confundir el objetivo con sus consecuencias, aunque a veces se finja creer que los dos van a la par.

Relativismo cultural y particularismo sexual

(…)

La diferencia de sexos es un hecho, pero no predetermina los roles y las funciones. (…) la indiferenciación de los roles no es la de las identidades. Antes al contrario, es la condición de su multiplicidad y de nuestra libertad.