(A propósito del 8-3-18) Visión de una mujer rural

Aquí en el pueblo ayer no se notó nada. La vida como todos los días. Las mujeres
igual, sin inmutarse. Ninguna que yo haya visto se sintió representada, llamada o
relacionada con el movimiento. El mundo rural circula aparte, o por lo menos el mundo
de la España profunda, porque hay pueblos que están habitados por gente neo rural o
muy urbanita, segundas residencias y tal, y esos son distintos.

Por la tarde, en el bar, hablé con la dueña, que allí estaba sirviendo cafés (por las
mañanas atiende el dueño, por las tardes ella, mitad y mitad) Puso la TV un rato y
miramos las imágenes. Cobertura mediática total y abrumadora. Supuse que no habría
posts virales hoy diciendo que los medios están manipulados, y que solo muestran lo
que los poderes de turno quieren mostrar, porque esto se piensa distinto. Para
nosotras dos, 50 y tantos años ella y 46 yo, era como cuando ves “esas cosas que
pasan ahí lejos en ese mundo”. Como cuando mirábamos las manifestaciones
independentistas con su euforia multitudinaria, o otras. La dueña del bar tampoco se
sentía representada.

Las necesidades de las mujeres rurales ni siquiera se conocen. Pero es que ellas no
conciben pedir solo para si mismas. Aquí la estructura es muy familiar y muy de clan.
Y el drama surge con la falta de ingresos de todos, masculinos y femeninos. Hombres
sin poder ganar dinero y deprimidos= desastre familiar que repercute directamente en
mujeres e hijos. La gran lucha de mi pueblo ha sido (y es) que se puedan crear
localmente puestos de trabajo o fuentes de ingresos, para todos y todas, si hay que
decirlo así. Que no se tenga que ir la gente de sus tierras. Poderse quedar en sus
casas, con los suyos, seguir apiñados los abuelos, tíos, hijos, padres y madres.
Porque así juntos, se pueden seguir apoyando, queriendo, viendo. No hay soledad y
entre unos y otros cubren gastos.

Pero esa cosmovisión tiene que ver más con luchar contra el empobrecimiento de
colectivos dejados de la mano de Dios, con la lucha contra la explotación de la Tierra,
con la lucha para pedir condiciones de uso de los montes más justas. Que no
machaquen a los resineros, que paguen un sueldo justo y den un retiro adecuado a los
bomberos forestales, que las trabajadoras de la residencia o de los negocios locales
tengan también un sueldo justo, y sí, que se den ayudas para los cuidados, pero no
solo económicas. Porque si no queda gente que pueda cuidar, qué más da. Ayudar a
las mujeres rurales requiere que ayuden a los hombres rurales, y a las escuelas
rurales, y a los médicos rurales, y a los autobuseros rurales, y a los tenderos rurales, y
a todos esos servicios mínimos que hacen posible que un pueblo siga vivo.

No existimos solas. Miro mi historia personal y lo veo tan claro: si hubieran ayudado a
mi ex. Si hubiera podido trabajar más aquí, conseguir más ingresos aquí, cuando yo
criaba a mi hijo a la teta y no quería dejarlo 8 horas diarias para ir a limpiar o a cocinar
afuera. Si hubiera recibido más apoyo humano, o más recursos (económicos, legales,
etc.) para mejorar su titulación por ejemplo o menos obstáculos para todo. Si nos
hubieran ayudado y hubiéramos tenido antes carnet de conducir y vehículo en casa.
Yo odiaba el concepto guardería, pero tal vez si hubiera existido algo así, hubiéramos
podido sobrevivir aquí. O más ayudas, pero para ambos. Para poder cuidar y parapoder emprender algo. Si las condiciones burocráticas y legales que se exigen para
tener ganado de supervivencia (escala familiar) o comerciar con productos de la tierra
no fueran tan terribles e inasumibles como son. Si no fuera tan terriblemente caro y
endeudador montar ciertos negocios, etcétera.

Si tantas cosas fueran más justas y la cosmovisión general fuera otra, mi familia no se
hubiera roto, tras años de nomadeo sintiéndonos el grano en el culo de todo el mundo,
allá a dónde íbamos, como emigrados dentro del propio país. Hemos padecido todos
los síndromes, el de Ulises y todos. El estrés nos jodió, nos agrió el carácter, nos
crispó, y nos aisló en nuestro dolor interior, y entonces nada más faltaron las mujeres
buitres que fueron a picotear a mi ex para acabar de romper la pareja, y los
oportunistas tirando de la energía del nido para sus propios sueños o beneficios y para
qué quieres más. A perro flaco todo son pulgas. Un organismo debilitado enferma por
un estornudo y se muere en un ¡ay¡. Luego dicen “Pero si ya estabais mal”. Y yo digo:
como para no estarlo. Hay que haberlo vivido. Ningún animal igual de estresado
soporta todo sin cambiar de carácter. Es bonito ser correcto y pensar muy claramente
las cosas cuando no hay estrés crónico y todo va bien. Hacerlo cuando puedes sentir
la impaciencia de los otros ante tu pobreza (“es que no encontráis trabajo, no os
esforzáis suficiente”) y notas que molestas hasta a tu familia urbanita, y no sabes
dónde vas a vivir dentro de dos meses es otra cosa.

En fin, que…si la cosmovisión general fuera otra y se incluyera “ayudar a la pareja”
para ayudar a la madre (no solo ayudara la madre) y de rebote al hijo (gran
beneficiado) hoy seguiríamos juntos en el mismo pueblo donde parí a nuestro hijo, y
estaríamos mejor. Mi hijo estaría mejor. Yo no estaría acostándome cada noche con el
pensamiento de “mira que si me muero durmiendo, mi hijo se despierta y se me
encuentra tiesa, vaya plan para el niño”. Cosas que piensas cuando te sabes lejos,
sola, y tienes un crío pequeño que aun es dependiente. Cosas que no piensas si vives
en familia, o si hay personas familiares en la puerta de al lado. Últimamente lo llevo
mejor, es como si me hubiera resignado y afronto las noches con paz. Lo que tenga
que ser, será. Pero cómo cuesta explicar a la gente que vive otra clase de vida, la
perspectiva personal, cuando partimos de sensaciones y emociones y pensamientos
DIARIOS tan distintos.

Si la cosmovisión fuera la que tiene que ser “para mi gusto” , en lugar de repetirme
que soy una mujer fuerte y que podría con todo a solas, algunas personas me habrían
venido a acompañar y a ayudar, y otras no me hubieran ido echando de ciertos
espacios. Es la cosmovisión de todos quien debe cambiar, no solo pedir al Estado que
solucione la papeleta y rellene las lagunas de ayudas y apoyos que personas de a pie
no han cubierto, porque aún pudiendo hacerlo no han querido, porque ayudar y apoyar
a familias o mujeres madres en crisis, les suponía sacrificar algo de lo suyo,
esforzarse, y eso sí que no, que la ley es estar bien.

Recuerdo el post de Ana A. Errecalde con su hijo enfermo en brazos y me digo: mira,
ella y yo sentimos lo mismo. Tanto pedir al estado, cuando algunas de las mujeres
feministas que nos rodearon en el pasado, cuando tan agobiadas estábamos, no
arrimaron el hombro y nos dejaron solas. Pero para pedir al Estado y vivir juntas la
euforia de las calles, para eso sí. Claro, porque eso no resta fuerzas, sino que te lasda. Es como ir a tomar un dopaje de euforia colectiva, te da un subidón, ¿cómo
negarse? Pero renunciar a algo personal para ayudar a la madre en apuros…o a una
familia…ah no. Que eso nos resta bienestar. (Y aquí me refiero a un par de mujeres en
concreto, de las que fueron mis relaciones, no se den por aludidas mujeres lejanas por
favor).

Como nosotros anduvimos de casa en casa, siempre resueno con los desahuciados y
me pregunto: si toda la gente que se lanzó ayer a las calles se lanzara para acoger a
familias o personas desahuciadas ¿no se acabaría el problema? Pero por lo visto ha
de ser el Estado quien lo arregle todo. A las mujeres desahuciadas, ¿quién las
representa? ¿Estarían ayer en las calles?

Es la cosmovisión social entera la que me chirría y la que veo que destruye las
posibilidades de “buena vida” para las mujeres, porque la destruye para toda la vida y
ellas participan de eso. Si la cosmovisión no cambia, a largo plazo dará igual casi que
nos den un sueldo por cuidar, si el agua que sale del grifo está intoxicada, o la tierra
envenenada, por el abandono del medio rural y la compra del país por parte de
corporaciones, y entonces gestamos hijos con deficiencias, y nos obligan a abortarlos
o a eutanasiarlos para que el Estado no tenga que pagar por sus cuidados. Por poner
un ejemplo. El estado no da ayudas y sueldos sin controlar las condiciones, ¿alguien
cree que pagaría por cuidar a todo quisqui, sin más? Poco a poco intentaría ir
regulando lo que se puede pagar y asumir y lo que no. Y difundirá la idea de que es
“irresponsable” asumir el cuidado de un hijo que ha nacido con parálisis cerebral, o de
un enfermo sin curación, o de un viejo de más de cierta edad. Irresponsable y poco
solidario, porque se lo haces pagar a todos con sus impuestos. Así que el día que yo
me haga vieja y necesite cuidados, a lo mejor soy de esas personas que el Estado no
quiere asumir su carga. Aparte de que, si todo sigue así, no creo que tenga familia que
me cuide al lado. Con suerte, mi hijo estará trabajando en algo para sobrevivir, vete a
saber dónde del mundo, y no podrá “cuidarme”.

Siempre me imagino subiendo al Teleno en soledad en una noche de invierno, para
morir con el dulce frío, en la blanca nieve. Cosas de esas que piensas cuando has
visto demasiado, en sueños tus ojos han llorado sangre por la lucidez, y ya no esperas
mucho (en ciertos temas, al menos) de la estructura social en la que vives. Salvo que
se cambie la cosmovisión. La de todos, no solo la del Estado.

La cadena de cosas que están mal empieza por el cuidado y el acceso a la misma
Tierra, pero eso no se ve viviendo en la ciudad. Y luego, la familia. Pero reivindicar hoy
ayudas familiares es casi como decir que eres facha. El caso es que no me siento
unida a un feminismo que no habla de familia, por miedo a parecer facha, obviando
que millones de mujeres vivimos en familia o queremos hacerlo. Un feminismo que,
por el contrario, en sus facetas más radicales (y crecientes) demoniza la estructura
familiar, y ya hasta empieza a mirar de reojo al amor hetero, de pareja, sobre todo si
es duradero y resulta sospechoso de monogamia, que es antinatural (dicen) y fruto de
la dominación machista (dicen).

Reivindicar reconocimiento para los problemas específicos de las mujeres, sí, lo
entiendo y eso lo apoyo, y ya dije hace días que comprendo el entusiasmo de amigas
feministas que lo viven todo desde su momento histórico y su contexto. Pero desde mi mundo, es todo muy distinto: es ruralidad, es la tierra, son los montes, y son los
hombres también. Estoy harta de ver hombres deprimidos en los pueblos y de oír
hablar de suicidios masculinos (en los pueblos). Los casos que conozco son todos de
hombres. Y pienso en mi historia: Si no ayudan a los hombres a los que he amado o
amo, y con los que me emparejo o me pueda emparejar, el resultado sigue siendo un
desastre. Si yo estoy bien pero mi enamorado está con depresión por falta de trabajo,
o porque acaba de fracasar su emprendimiento rural, porque los impuestos son
horribles o las condiciones legales inasumibles, pues entonces yo también estoy mal,
porque estamos unidos.

Al fin, él se ha ido porque el trabajo lo ha encontrado fuera. Genial, pero eso me deja
mal a mí, sola de nuevo. Y es así con todas las mujeres rurales que conozco. Porque
nos pensamos desde el “nosotros”, desde una red familiar de la que brotan los hijos, y
lo que sufre uno repercute en los demás. La cultura de supermercado impregna las
mentes urbanitas, y que un hombre que te gustaba se vaya no importa mucho, total
hay mil hombres “para elegir” ahí fuera. Y mil amigas con las que quedar y no sentirse
sola. Pero en un pueblo pequeño, es una pequeña tragedia. Se va el hombre al que
quieres y no hay ningún otro que quieras, ni nada que pueda consolarte. Y amigas
pocas, muy pocas.

Qué difícil es transmitir lo que quiero decir, a personas que nunca han vivido en un
pueblo “de los profundos”, que no han intentado salir adelante con la tierra, que no han
investigado cómo emprender en el campo a pequeña escala, hasta descubrir que el
sistema solo incentiva trabajos y cosas a gran escala (para gente con gran capacidad
de inversión) o trabajos que implican desplazarse o no tener familia a la que cuidar.

Qué difícil es visibilizar el machaque sistemático de médicos, enfermeras y maestros
rurales, con las malas condiciones que les dan, la sobrecarga de trabajo, los
desplazamientos a menudo sin pagar. Porque parece que se espera que los pueblos
se mueran, que la tierra quede abandonada y ahora si, por fin, pueda el Estado
venderla al mejor postor o, si no es suya, expropiarla con la excusa de un bien mayor y
permitir la devastación. Y eso lo pagaremos todos, hombres, mujeres, niños…de
ciudad también. Sí.

Carmen Angulo Martos
Publicado el 9 de marzo de 2018 en:
https://www.facebook.com/carrmen.angulomartos/posts/1681759328526371