Vivir del cuento

Una reflexión sobre vivir del cuento:

El feminismo cometió algunos errores; básicamente, se profesionalizó. Se transformó en carreras, en profesiones en el campo académico o en el tercer sector y, en algunos casos, en la administración también se comenzaron a perseguir los cargos relacionados con acciones y con políticas de género. El problema es que si el género se profesionaliza de ese modo sale de la política, porque se convierte en carreras individuales. Esta idea de carreras individuales que fomenta el encierro maldito que dice que las feministas sólo podemos hablar de género. Que lo demás no nos interesa y que es un problema de borde, de las personas que no tuvimos la suerte de adaptarnos al mundo o a las que este mundo adaptado nos golpeó, nos violó. Entonces, cuando ese problema «se solucione» volveremos a querer las cosas como son.

Rita sigue, y asegura que no se hace política sin poner el cuerpo en la calle. Y no se refiere solamente a «la manifestación urbana» sino, también, al encuentro concreto y real con lo que les pasa a las mujeres que no piensan en lo que les pasa a las mujeres. Las que viven sin horizonte, porque no aprendieron, porque no pudieron o, tal vez, porque no tuvieron la oportunidad de que el mundo pudiera ser distinto. Y un mundo distinto no es un mundo en el que no se lavan los platos o en el que no se tienen marido o hijos, como los medios de comunicación hegemónicos han descrito socarronamente a los feminismos: mujeres medio marimachos liberadas de la carga tradicional de la maternidad destino; algunas abortadoras, otras ateas. Siempre salidas de la regla de la bondad. Ese discurso mediático que tan bien ha construido occidente para denostar los feminismos, para asociarlos a la oscuridad del pecado, pero también para simplificarlos y para volverlos antipopulares.

¿Qué mujer madre de seis pibes va a sentirse feminista si le dicen que la maternidad es un yugo o que el marido es su esclavizador? ¿Qué rubia con siliconas, trabajada con energía de electrodos para los anuncios de bikinis, va a sentirse interpelada por el feminismo si nosotras mismas le decimos que es una boba, víctima de los intersticios del patriarcado, que eligió entrar por la puerta chiquita e individual que los machos abrieron para ella, olvidándose de todas las razones y de todas las vivencias comunes e históricas que tiene con el resto de las mujeres?

Fuente: Conversaciones con Rita Segato.

Y sobre la reinvención de cuentos: “Caperucita roja, la cultura de la violación y el malestar en la cultura”.