“Defendemos la libertad de importunar, indispensable para la libertad sexual”

En una tribuna en “Le Monde“, un grupo de 100 mujeres, incluidas Catherine Millet, Ingrid Caven y Catherine Deneuve, afirma su rechazo a cierto feminismo que expresa un “odio hacia los hombres”.

La violación es un crimen. Pero el ligue insistente o torpe no es un crimen, ni la galantería una agresión de machista.

Como resultado del caso Weinstein se ha generado una conciencia legítima de la violencia sexual contra las mujeres, particularmente en el contexto profesional, donde algunos hombres abusan de su poder. Esta era necesaria. Pero esta liberación del discurso se convierte hoy en su contrario: se nos requiere hablar correctamente, silenciar lo que nos enoja, y aquellas que se niegan a cumplir con tales mandamientos son consideradas traidoras, cómplices!

Este es el puritanismo que se apropia, en nombre de un supuesto bien general, de los argumentos de la protección de las mujeres y su emancipación para mejor encadenarlas a un estado de víctimas eternas, de pobres pequeñas cosas bajo control de demonios falócratas, como en los buenos viejos tiempos de la brujería.

Delaciones y acusaciones

De hecho, #metoo ha liderado en la prensa y en las redes sociales una campaña de denuncias públicas y delaciones de personas que sin la oportunidad de responder o defenderse, han sido puestos exactamente en el mismo nivel que los agresores sexuales. Esta justicia expeditiva ya tiene sus víctimas, los hombres sancionados en el ejercicio de su trabajo, obligados a dimitir, etc., porque se habían equivocado al haber tocado una rodilla, haber intentado robar un beso, haber hablado de cosas “íntimas” en una cena profesional o enviando mensajes con connotación sexual a una mujer cuya atracción no era recíproca.

Esta fiebre para enviar “cerdos” al matadero, lejos de ayudar a las mujeres al empoderamiento, sirve en realidad a los intereses de los enemigos de la libertad sexual, a los extremistas religiosos, los peores reaccionarios y aquellos que creen, en nombre de una concepción sustancial del bien y la moralidad victoriana que lo acompaña, que las mujeres son seres “a parte”, niñas con rostros adultos, que reclaman ser protegidas.

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Frente a eso, se requiere insistentemente a los hombres que venzan su culpabilidad y encuentren, en lo más profundo de su conciencia retrospectiva, un “comportamiento fuera de lugar” que podría haber sido hace diez, veinte o treinta años, y del que deberían arrepentirse. La confesión pública, la incursión de los fiscales autoproclamados en la esfera privada, que se instala como un clima social totalitario.

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La ola purificadora parece no conocer ningún límite. Allí, censuramos un desnudo de Egon Schiele en un póster; aquí, solicitamos la eliminación de un cuadro de Balthus de un museo con el argumento de que sería una apología de la pedofilia; en la confusión del hombre y su obra, pedimos la prohibición de la proyección retrospectiva de Roman Polanski en la Cinémathèque y posponemos aquella dedicada a Jean-Claude Brisseau. Una universitaria califica la pel·lícula BlowUp, de Michelangelo Antonioni, “misógina” e “inaceptable”. A la luz de este revisionismo, John Ford (El prisionero del desierto) e incluso Nicholas Poussin (El rapto de las Sabinas) se quedarían cortos.

Los editores ya nos están pidiendo a algunas de nosotras que hagamos nuestros personajes masculinos menos “sexistas”, que hablemos de sexualidad y amor con menos desmedida o que nos aseguremos de que “los traumas sufridos por los personajes femeninos ” se hagan más obvios! Al borde del ridículo, un proyecto de ley en Suecia quiere imponer un consentimiento explícitamente notificado a cualquier candidato para tener relaciones sexuales! Con un poco más de esfuerzo dos adultos que quieran irse a la cama juntos deberán primero verificar mediante una “aplicación” en su teléfono un documento en el que se enumerarán debidamente las prácticas que aceptan y las que rechazan.

Libertad indispensable para ofender

El filósofo Ruwen Ogien defendió una libertad de ofensa indispensable para la creación artística. Del mismo modo, defendemos una libertad para importunar, indispensable para la libertad sexual. Estamos suficientemente prevenidas hoy en día para admitir que el impulso sexual es por naturaleza ofensivo y salvaje, pero también somos lo suficientemente clarividentes como para no confundir el ligue torpe y la agresión sexual.

Sobre todo, somos conscientes de que la persona humana no es monolítica: una mujer puede, en el mismo día, liderar un equipo profesional y disfrutar siendo el objeto sexual de un hombre sin ser una “puta” o una vil cómplice del patriarcado. Puede asegurarse de que a ella se la paga igual que a un hombre, pero no sentirse traumatizada por un roce en el metro, a pesar de que esto se considera un delito. Incluso puede considerarlo como la expresión de una gran miseria sexual, o como un incidente sin importancia. 

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Como mujeres, no nos reconocemos en este feminismo que, más allá de la denuncia de los abusos de poder, toma el rostro del odio a los hombres y la sexualidad. Creemos que la libertad de decir no a una propuesta sexual no existe sin la libertad de importunar. Y consideramos que debemos saber cómo responder a esta libertad de importunar de otra forma que no sea encerrándonos en el papel de la víctima.

Para aquellas de nosotras que hemos elegido tener hijos, creemos que es mejor criar a nuestras hijas para que estén informadas y sean lo suficientemente conscientes como para vivir sin intimidación ni culpabilidad.

Los incidentes que pueden afectar el cuerpo de una mujer no necesariamente afectan su dignidad y no deben, por muy difíciles que sean, convertirla necesariamente en una víctima perpetua. Porque no somos reducibles a nuestro cuerpo. Nuestra libertad interior es inviolable. Y esta libertad que apreciamos no está exenta de riesgos y responsabilidades.

Las editoras de este texto son: Sarah Chiche (autora, psicóloga clínica y psicoanalista), Catherine Millet (crítica de arte, escritora), Catherine Robbe-Grillet (actriz y escritora) Peggy Sastre (autora, periodista y traductora), Abnousse Shalmani (escritora y periodista). También se adhieren a esta tribuna Kathy Alliou (conservadora), Marie-Laure Bernadac (comisaria general honoraria), Stephanie Blake (autora de libros para niños), Ingrid Caven (actriz y cantante), Catherine Deneuve (actriz), Gloria Friedmann (artista), Cécile Guilbert (escritora), Brigitte Jaques-Wajeman (directora de teatro), Claudine Junien (genetista), Brigitte Lahaie (actriz y radio), Elizabeth Levy (jefa de redacción), Joelle Losfeld (editora) Sophie de Menthon (presidenta del movimiento ETHIC), Marie Sellier (autora, presidenta de la Société des gens de lettres). Las mujeres firmantes de la tribuna se publicaron en “Le Monde” por LeMonde.fr en Scribd Fuente: © “Defendemos la libertad de molestar, indispensable para la libertad sexual”.